Catholic MeditationsMeditación: Mateo 5, 17-19

Si tú fueras un catecúmeno en la Iglesia primitiva, y te estuvieras preparando para el Bautismo, participarías en la Liturgia de la Palabra y habrías escuchado las mismas lecturas que se leen en la Misa de hoy; también habrías participado en el primero de los “escrutinios” de Cuaresma, por los que debían pasar los catecúmenos para ver si entendían los preceptos del Señor.

El mensaje de estas lecturas es claro: Dios nos dice a todos: “Te amo; escúchame y tendrás parte en mi Reino.”

Estos pasajes demuestran la maravillosa unidad que hay entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, ya que éste no reemplaza al Antiguo sino que le da cumplimiento. Jesús, que conocía, veneraba y cumplía la Palabra de Dios, fue revelando el significado más profundo de esas leyes. Él mismo obedecía el espíritu de la ley, siempre sobre la base del amor, y por eso la ley tenía y tiene en él su cumplimiento.

En la primera lectura de hoy, vemos que Dios forma a su pueblo por medio de mandamientos: “Ahora pues, israelitas, escuchen las leyes y decretos que les he enseñado, y póngalos en práctica, para que vivan y ocupen el país que el Señor y Dios de sus antepasados les va a dar” (Deuteronomio 4, 1). Yahvé les prometió que, si obedecían estas leyes, llegarían a ser una gran nación, y él sería glorificado: “Le dio a conocer a Jacob, a Israel, su palabra, sus leyes y decretos. No hizo lo mismo con las otras naciones, las cuales nunca conocieron sus decretos” (Salmo 147, 19-20). ¡Cuánto nos ama Dios, que nos enseña a ser su propio pueblo!

Durante la Cuaresma, propongámonos leer la Palabra de Dios todos los días, no solo por el conocimiento que nos imparte, sino por la vida que recibimos. Si le pedimos al Espíritu Santo que nos abra la mente y el corazón para comprender las Escrituras, él nos confiere una sabiduría nueva para entender las situaciones de la vida diaria. Cuando le preguntamos acerca de la Escritura, no solo nos responde, sino que hace viva la Palabra de Dios para nosotros y nos conduce a una vivencia del tierno amor de Dios.

“Dios nuestro y Padre amoroso, gracias por hablarme a través de tu palabra; Jesús, Salvador, enséñame a venerarte y obedecer al Padre como tú lo hiciste; Espíritu Santo, guíame para aprender y aplicar la Palabra de Dios cada día.”

Deuteronomio 4, 1. 5-9
Salmo 147, 12-13. 15-16. 19-20


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